Yo NO soy Feminista. ¿A No?

Soy una mujer de 45 años que ha vivido toda la vida negando una evidencia simplemente porque nadie nunca me explicó el significado correcto de una palabra.

Soy de esa generación que ha crecido con la sensación de haber ganado mil batallas, conquistado derechos, ganado terreno a la represión y, sin embargo, siempre sentí que algo no me dejaba avanzar al ritmo que yo quería. Vivir en una época en la que se mezclaban derechos de las mujeres y a la vez te educaban para ser la perfecta madre y esposa, no fue para mi tarea fácil. Yo siempre que, por diferentes motivos, tengo que explicar por qué no me comporto como una "señora madre" de anuncio de galletas para el desayuno, lo resumo diciendo que nací con "tara".

Me educaron para ser una mujer capaz de llevar una casa, pero a la vez ser independiente y no depender de un hombre, se me inculcó una fuerte conciencia de clase, me enseñaron a luchar por mis derechos y a exigir respeto como mujer. Al mismo tiempo escuchaba cosas como "eso es cosa de hombres, eso no lo hacen las mujeres, eso no está bonito que lo diga una mujer, deja que lo haga él que tú no puedes (eres mujer), etc." lo que provocaba en mí una enorme contradicción que me llevo a pasar media vida demostrando que YO TAMBIEN PODIA.

Mi vida laboral la he pasado demostrando que yo podía hacer las mismas cosas que mis compañeros y además sin dejar de ser mujer. Eso laboral y socialmente me puso en una situación de explotación encubierta de la que no era consciente, porque además de ser trabajadora (con jornadas a veces de más de 12 horas) era ama de casa, mujer de, hija de, madre de, nuera de y a veces incluso me quedaba tiempo para leer un libro o ver una película. Eso sí, muy valorada, "eres una mujer fuerte, una buena hija, una buena madre, una buena esposa, una buena trabajadora, etc. de lo que me sentía orgullosa.

Hasta este punto de la historia todo parece genial ¿verdad? Lo que no he contado es que en esos años y desde muy joven, siempre sentí que por mucho que hiciese, nunca llegaba a sentirme realizada, daba igual cuanto trabajase, cuanto me esforzase, ellos siempre llegaban más lejos, no se les criticaban, se les permitía hacer lo que les gustaba o se les excusaba una mala conducta, se reconocían sus méritos, etc. Yo, por el contrario, tenía que ser perfecta en todo y sobre todo medir y no anteponer mis deseos a nada, porque eso era lo que hacía de mí una "buena mujer".

Durante todo ese tiempo en el que siguiendo los cánones establecidos yo me esforzaba por ser una "buena mujer", mi rebeldía siempre hizo que me rebelase en el trabajo para que se me reconociese igual que a mis compañeros, en casa para que mi marido entendiese que era cosa de dos, con mis amigas y amigos por el reconocimiento de las mujeres como iguales, con ellas porque hiciesen valer sus derechos, con ellos para que no nos tratasen como muñecas y contra toda injusticia que era capaz de identificar. Todo ello añadía a mi reconocimiento como "buena mujer" el adjetivo de rebelde desde su significado más peyorativo. Era como un defectillo en un buen vestido, es decir, una tara en una pieza de tela. No me importaba mucho, pero he de reconocer que me molestaba bastante, porque no entendía por qué los demás no veían las cosas cuando para mi eran tan evidentes.

En un momento dado de mi monótona, tópica y perfecta vida, se cruzó una persona que sin más me dijo que debería hacer aquello que desease hacer, porque eso y solo eso me haría sentir realizada. Y ¿por qué no? podía intentarlo, hacía años que quería retomar mis estudios, y tal vez había llegado el momento. Así que sin dejar de atender todas mis obligaciones como "mujer" volví a estudiar, conseguí titularme la mejor de mi promoción y encontrar un nuevo trabajo que me encantaba y me hacía sentir realizada, además me dejaba más tiempo para mi familia, objetivo principal de mi cambio laboral. Pero mi "tara" no me dejo conformarme y decidí seguir estudiando, aspirar a más y mejor, y ahí estallo mi mundo perfecto, el trabajo de toda mi vida se había desplomado de repente. Pensar en mi como persona, hacía que de repente fuese una mala madre, mala esposa, una egoísta que solo pensaba en mí, y en esa línea me gane todas las críticas posibles, porque nadie entendía por qué necesitaba más si ya lo tenía todo, una casa, un marido, dos hijos, dos coches, en definitiva, una familia perfecta de la que cuidar, y un trabajo que me gustaba. En ese momento, literalmente implosioné, en ese momento fui consciente de que había estado toda mi vida atrapada en un mundo al que no pertenecía, un mundo que me ahogaba y no me dejaba existir.

Con el mayor esfuerzo que he hecho en mi vida, y más miedo del que puedo expresar, cogí mi vida y le di la vuelta. Me vi sola con dos niños, un trabajo que apenas me daba para llegar a fin de mes, y una sensación de culpa impresionante por lo que les había hecho a mis hijos, pero dispuesta a ser feliz y sobre todo a ser libre y poder darle a mis hijos una educación y una buena vida.

Hoy cinco años después, puedo decir que me siento libre, y que desde que decidí ser yo no he vuelto a sentirme sola, vacía o atrapada. Sigo avanzando, he llegado a la universidad a los 45 años, tengo un compañero con el que comparto la vida, dos niños que crecen felices y libres, a los que enseñamos que hay que luchar por lo que uno desea, que hay que ser feliz para poder hacer feliz, educados en libertad de pensamiento, en la reflexión en la crítica y sobre todo en la igualdad.

En resumen, me he pasado la vida luchando por mis derechos como mujer sin saber que mi lucha tenía un nombre, porque siempre que me llamaban feminista me enfadaba "yo no soy feminista" esa era mi respuesta, porque eso, me enseñaron que era cosa de histéricas (sorpresa). Mi compañero, y las compañeras que encontré en Twitter me han enseñado el verdadero significado del feminismo, su lucha, que en el fondo siempre fue la mía, y su significado. Hoy como mujer, me siento orgullosa de decir que SOY feminista, aunque en el fondo siempre lo fui, aunque no lo sabía.


@VkaSanchez72