Reflexiones sobre El Calibán y la Bruja: Razones para la Huelga

Un artículo de Anabel


Fue una tarde de octubre, escuchaba Carne Cruda y de repente ¡Silvia Federichi! ¡Qué mujer! ¡Qué manera de poner en palabras todo lo que mis nuevas gafas moradas me empezaban a hacer intuir!

Entonces me decidí, tenía que leer Calibán y la Bruja. Un viaje en avión para cruzar el charco me pareció el momento perfecto para empezar a leerlo. Así salí de España siendo yo y llegué a Estados Unidos completamente desmontada, como un juego de construcción que hay que volver a construir pero que sabes que nunca tendrá la misma forma que antes. Se cayeron de golpe muchos mitos y creencias que tenía completamente interiorizadas, como cuando te quitas una venda de los ojos, como cuando Neo tomó la pastilla roja y se quedó en Matrix.

La primera revelación fue que, aunque siempre me creí libre para pensar y opinar, lo cierto es que nunca me proporcionaron las herramientas para serlo. Libros como éste deberían ser de lectura obligatoria. Libros que nos muestren como y porque hemos llegado hasta aquí, y no sólo desde un punto de vista de eventos históricos, fechas y personajes (casi siempre masculinos), sino también poniendo el foco sobre los constructos filosóficos que nos han llevado a ser lo que somos.

Federichi presenta el dualismo mente-cuerpo de Descartes y la visión mecanicista en defensa del egoísmo natural del ser humano (Homo Homini Lupi) de Hobbes como las grandes filosofías que conformaron al ser sobre el que es posible construir el capitalismo más cruento. 

Leer a Federichi es conocer el proceso por el que se fraguó el sistema económico que nos rige, es entender el mundo que nos rodea y es entender la historia de la opresión a la mujer.

Leyendo Calibán y la Bruja es fácil entender que para que el capitalismo tuviese éxito primero debían convertir nuestros cuerpos en meras herramientas de producción, completamente desalmadas.

Ante la necesidad de asegurar el suministro de dichas "herramientas", la mujer pierde toda potestad sobre su cuerpo cuyo fin último pasa a ser la reproducción. Y el control natural sobre la concepción, tesoro adquirido generación tras generación, pasa a ser un delito. El sistema utiliza entonces a mujeres para vigilar a sus iguales, las enfrenta y demoniza conformando así el pensamiento común de que la mujer es mala, envidiosa y egoísta por naturaleza.

Éste había sido un pensamiento intrínseco en mí e incluso cuando desperté y ya no podía ver más que patriarcado en todas partes, una parte de mi seguía pensando que aquellas que critican el feminismo y están de parte del opresor obedecen simplemente a ese ser maléfico interno que llevamos dentro. Pero ahora sé que esa no es nuestra naturaleza, es el constructo que permite al patriarcado mantenernos separadas, porque saben que juntas tenemos más fuerza.

Ante ello solo nos queda recurrir a la sororidad, deconstruir los constructos sociales que nos separan para reconstruirlos eliminando los roles de género, de clase o de raza, considerándonos todos como iguales. Humanizándonos ante la deshumanización del capitalismo más agresivo que ha convertido nuestros cuerpos en mera mercancía que se puede comprar y vender sin más, sobre todo si no te queda nada más con lo que negociar, si se te va la vida en ello... y pretende que lo llamemos libertad.

En definitiva, El Calibán y la Bruja es un libro imprescindible para abrir los ojos al mundo que no queremos vivir y ayudarnos a entender que se hizo mal y por donde podemos empezar a cambiarlo, siendo el 8 de marzo el momento ideal para unirnos y gritar con una sola voz y romper con nuestro grito las cadenas que el capitalismo y su hijo bastardo, el patriarcado, han forjado sobre nosotras durante siglos.

¡¡¡A la huelga compañeras!!!