"Prostitución. Y llega un día en que no puedes más."

Un artículo de Ambar IL


Llega un día que te das cuenta que no puedes más, que arrastras secuelas de una infancia tortuosa y que sigues acumulando con cada hombre que te toca, que abusa de tu cuerpo y te anula como persona, porque sólo eres una simple mercancía que compra para un rato de sexo deseado solo por su parte. Eres de su propiedad en esa hora. Eso es lo que eres, una propiedad para usar y tirar. Como lo has sido siempre desde niña.

No soportas que te toque nadie más, que nadie más te someta, que nadie más te utilice y lloras, lloras durante días porque a pesar de lo duro y humillante que ha sido la experiencia, es la única que conoces, la que has conocido siempre.

Ese día, aunque estés muerta de miedo por un nuevo mundo que creías que no existía para ti, decides que ya no más. Un nuevo mundo en el que te sientes como una extraña, como una paria de tu propia sociedad, porque el haber sido prostituida te estigmatiza, te señala, te marca, te diferencia de l@s demás. Enfrentar el después de la prostitución es casi igual de difícil que enfrentar el día a día cuando te están prostituyendo.

Vergüenza, estrés postraumático, soledad, marginación, siguen en tu vida y no sabes como vas a aprender a vivir con ellas, pero por fin eres libre para enfrentarlas, eres libre de esa sumisión, de esos abusos que creías eternos y de un maltrato psicológico que te hundía en un lodo profundo y denso del que creías no poder escapar nunca.