Madre soltera: ¿estigma o etiqueta?

Un artículo de Ana Morán @Misyrloou

En los tiempos que corren es habitual encontrar los términos familias monoparentales, familias monomarentales e incluso familias marentales. Pero la inmensa mayoría de personas utiliza la expresión madre soltera para definir la maternidad de muchas mujeres que no se han casado y a las mujeres que crían a sus hijos e hijas solas, sin ningún tipo de colaboración del padre, sea o no una situación meditada o elegida.

Usar un término como cajón de sastre para definir distintos tipos de familia es inexacto, y se presta a confusión para definir una institución como la familia, que ha cambiado mucho desde el modelo nuclear tradicional.

La familia monoparental es la forma en que se denomina a aquéllas con un progenitor, por ende se incluyen familias donde sólo existe padre o madre, y es la acepción utilizada institucionalmente.

Por otro lado, existe un sector, cada vez más amplio, que lucha por el uso del término familia monomarental para familias con madres al frente y monoparental para las familias con padres. Existe controversia en relación al origen de la nueva palabra porque se defiende que monoparental procede de parentela en relación a progenitor, y que estarían incluidas todas las familias con un solo  progenitor incluidas. Asimismo, encontramos a un sector que defiende el uso de familias marentales donde se encontrarían las familias de madres eligieron ser familias ellas solas.

No obstante hay que aclarar que en España el porcentaje de familias monoparentales es de un 11% sobre el total y asciende a la cifra de 1.964.900 hogares, donde el 81%, o sea, 1.591.200 son familias encabezadas por madres, frente al 19%, unas 373.000 son familias con hombres como únicos responsables.

Este porcentaje de madres monomarentales incluye a solteras, divorciadas, separadas, viudas.

Estos datos, obtenidos por la Fundación Adecco en su "VI Informe sobre monomarentalidad y empleo" arrojan una cifra del 51% de mujeres desempleadas, de las cuales el 33% reconoce no tener trabajo y un 18% sobreviven gracias a la economía sumergida. Sólo un tercio recibe alguna prestación del SEPE y el 67% restante no tienen derecho a obtenerlas o han agotado todas las existentes. Siete de cada de estas mujeres son desempleadas de larga duración.

El perfil medio en hogares monomarentales, según este informe, son mujeres entre 36 y 45 años, divorciadas, con un hijo, con estudios secundarios, y, de las cuales, 4 de cada 10, comparten piso.

Evidentemente, para evitar errores, deberíamos incluir en nuestro lenguaje palabras definitorias sin ambages sobre los tipos de familias existentes. Porque no es lo mismo tener la custodia de tus hijos y que tengan un padre responsable o no, que cuentes con ayuda económica o no, porque la diferencia es la dificultad que encuentra una mujer sola para criar a sus hijos con toda la responsabilidad económica y la doble y absoluta dedicación en sus cuidados y atención. No es lo mismo elegir tener un hijo sola, que encontrarte embarazada, no te quieran a ti y a tu hijo y sin ayuda económica. En la mayoría de los casos, esos hijos e hijas llevan los apellidos de la progenitora, siendo estas mujeres las madres solteras en atención a la definición clásica del término.

Una madre soltera así definida es abandonada a la par que lo hacen con su bebé, que no contará en la mayoría de ocasiones con su familia paterna. Estas madres no eligieron quedarse solas ante un embarazo, parto y crianza, y deberán enfrentarse a ello con grandes dosis de responsabilidad, sabiendo que su modo de vida tiene que redefinirse, repartiendo el tiempo entre la educación de su hijo y su vida laboral o académica, pues muchos casos se dan en edades adolescentes y primera juventud, donde los abuelos tendrán que colaborar para que la madre estudie o encuentre un empleo, e incluso alguna vez, como jóvenes que son, puedan disfrutar de un tiempo de ocio. Estas madres tendrán un mayor nivel de responsabilidad y un mayor índice de verse afectadas por techo de cristal o suelo pegajoso. Madres que tendrán que aguantar que todo lo negativo que pueda afectar a su hijo sea por su ineptitud o escasa madurez. Madres que serán criticadas por volver a salir con chicos, madres que verán cómo se les realiza un juicio paralelo y que pueden verse abocadas a aceptar cualquier empleo para mantener a sus hijos, a ser sumisas para no perder su salario ni su puesto de trabajo.

Estas mujeres suelen tener una relación muy intensa con sus hijos, porque realizaron todo el camino de la vida juntos y solos, muchas veces con ayuda de la familia, en otros casos con ningún apoyo.

Estas madres, que no han gozado de muchas oportunidades, y, que a las que falsamente les atribuyen una serie de ayudas públicas que no existen, o no son específicas para ellas, son mujeres, madres, sin etiquetas. Ya esta muy superado el hecho de ser o no soltera, y, en las familias donde exclusivamente y con dedicación completa solo existe la madre, sea cual sea su estado civil, que no cuenten con el padre para nada, en ningún sentido, merecen contar con un término que el lenguaje debería adoptar y que no recuerde al abandono, a reminiscencias de un estado de las cosas donde no habíamos evolucionado, de una sociedad arcaica y controladora de las diferencias, excluyendo de su normalidad a aquellas personas que no se sometían a los dictados impuestos por modelos morales que señalaban con dedo acusador a las jóvenes pecadoras.

Ser madre no debe tener etiquetas excluyentes, ni ser hijo abandonado por su padre, menos todavía.