LO QUE LAS PALABRAS ESCONDEN

Un artículo de Rebeca Torres @lamalpagada2

Somos lo que decimos, lo que escribimos perdura en el tiempo más allá de nuestra existencia. De ahí, la importancia de lo que decimos y como lo decimos.

Un idioma se va adaptando en el tiempo a los cambios sociales, tecnológicos... Surgen nuevas palabras y expresiones, nuevas acepciones de las ya existentes y algunos vocablos caen en desuso. Por tanto, un idioma es algo vivo y en constante evolución, como lo son las personas que lo hablan.

Sorprende la escasa o nula adaptación al devenir del tiempo de la Real Academia de la Lengua Española. Una de las últimas polémicas del diccionario de la RAE, ha sido la definición del adjetivo fácil en su acepción quinta "Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones relaciones sexuales". Llueve sobre mojado, cabe recordar la controversia por la definición de sexo débil que sigue manteniendo el diccionario de Esta Academia "conjunto de las mujeres. Utilizado con intención despectiva o discriminatoria". Reseñar que la aclaración de la intención despectiva, fue añadida tras la recogida de firmas y demás iniciativas llevadas a cabo tanto en España como en Hispano américa para eliminar esta definición del citado Diccionario. Quizás la explicación del machismo de la RAE sea que de los 46 académicas y académicos de número por los que está constituida, sólo 8 son mujeres. La historia de machismo de esta Institución viene de largo, hasta en tres ocasiones (1889, 1892 y 1910) rechazaron a Emilia Pardo Bazán esgrimiendo la simple razón de que "las señoras no pueden formar parte de este Instituto". Tengamos en cuenta que las juezas eran hasta hace unos meses las mujeres de los jueces, así como las embajadoras eran las esposas de los embajadores. Resulta que la RAE no se había percatado de que la existencia de mujeres juezas o embajadoras. Que me perdonen los académicos la redundancia, pero tantos siglos de ostracismo bien lo merecen.

El machismo de la Academia es una muestra más de que el Patriarcado no está dispuesto a que las mujeres seamos visibles como iguales a los hombres. Lo que no se nombra, no existe

La RAE se ha manifestado en contra de un lenguaje inclusivo. Así el catedrático Ignacio Bosque, redacto un informe indicando que, si se cumpliesen las recomendaciones de las guías de lenguaje inclusivo, "no se podría hablar". Se equivoca, según mi humilde opinión, este Ilustre Señor. Claro que podemos hablar con un lenguaje inclusivo, es más debemos hacerlo. Las mujeres ya no somos invisibles, no somos la señora de, somos juezas, doctoras, escritoras, luchadoras, trabajadoras. Sus normas rígidas y arcaicas no conseguirán postergarnos a un lugar secundario en esta sociedad.

El castellano es un idioma machista, porque la sociedad que lo habla así lo es. No olvidemos la diferente acepción de los sustantivos según su género, por ejemplo, zorro/zorra, fulano/fulana, hombre público/mujer pública. Existen más de 50 términos para designar a las prostitutas. La hija o el hijo de puta, son malas personas. Como si sus madres fueran las únicas responsables de su ruindad. Los genitales femeninos sirven para definir cuando algo es malo o aburrido "esto es un coñazo", mientras los masculinos tienen connotaciones positivas "esta película es cojonuda". El femenino sirve para enfatizar el carácter un insulto: nenaza, maricona. Si la sociedad cambia, el lenguaje también debe hacerlo.

La palabra (sustantivo femenino-singular) es un arma poderosa para cambiar el Mundo.

Las palabras (sustantivo femenino-plural) son nuestra herramienta para conseguir una realidad más igualitaria y justa.


EXISTIMOS,SOMOS,ESTAMOS,LUCHAMOS,NÓMBRAME, NÓMBRALAS