Leymah Gbowee; uniendo a mujeres

La guerra es un fenómeno que ha acompañado al hombre desde remotos tiempos. En la antigüedad las guerras eran una forma de vida para los reinos, sino estaban en guerra estaban planificando alguna. Era una forma de ampliar sus territorios y por tanto aumentar las riquezas y fortalecer su dominio sobre los pueblos vecinos. Es importante hacer notar que en este contexto histórico, cualquier cultura o la civilización que se estudie, el valor de la persona humana era muy menor, en particular si no formaba parte de la nobleza, el clero o la burguesía. Es lamentable que a día de hoy, el valor del pueblo, siga siendo tan bajo y no queramos abrir los ojos.


La Revolución Industrial trajo la elaboración de armas cada vez más poderosas y mortales que causaban cada vez mayor número de muertes en guerras de desgaste. En este círculo de cada vez más sangrientas guerras se llegó a la I Guerra Mundial donde los dirigentes chocaron con una realidad anunciada y de la que fueron responsables; 16 millones de muertes de vidas humanas inocentes. Como consecuencia se firmó el Pacto de París o de Bryand-Kellog de 1928 mediante el cual los quince estados signatarios se comprometían a no usar la guerra como mecanismo para la solución de las controversias internacionales. Es un pacto netamente europeo que también incluyó a los Estados Unidos y que a día de hoy está vigente aunque no se cumpla. Pero 20 años más tarde hubo alguien muy en contra del Tratado de Versalles que se levantó contra el mundo y que acabó con el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki. Clamó un arrepentimiento general después de la devastación que la II Guerra Mundial trajo y se firmó unánimemente la Carta de Naciones Unidas en la que acuerdan en su primer artículo mantener la paz y la seguridad internacional, relaciones de amistad, libre autodeterminación de los pueblos( ¿?), cooperación internacional económica y humanitaria... Un montón de nobles intenciones que ahí están sin que las respeta ningún país y menos para los que son productores de armas. Estos han propiciado políticas de defensa basadas en la disuasión armada, se han amparado en la cultura de la violencia que ha prevalecido a lo largo de nuestra historia, que no es otra cosa que la historia de las guerras, del culto a los héroes militares, para prolongar ese statu quo de una cultura basada en las armas y en los conflictos armados.


Debemos asumir nuestra responsabilidad. Tenemos poder y no lo empleamos por miedo a la represión. Habrá un cambio el día que el pueblo se levante. La participación civil ha conseguido grandes cambios en materia de prohibición de armas de destrucción masiva y convencional:

  • 1972 Prohibición de armas biológicas
  • 1993 Prohibición de armas químicas
  • 1997 Prohibición de minas antipersona
  • 2008 Prohibición de bombas de racimo
  • 2013 Tratado de comercio internacional de armas convencionales
  • 2017 Adopción de un tratado que prohíbe las armas nucleares

Costa Rica fue el primer país que consagró oficialmente la desmilitarización en su Constitución; desde entonces, otros 14 países han seguido su ejemplo. En líneas generales, el objetivo de esta política es reorientar el gasto militar para financiar programas e inversiones sociales en las esferas de la educación, la salud y el medio ambiente.

"El Ejército Regular de Costa Rica entrega hoy las llaves de su base militar a las escuelas... El Gobierno, por la presente, declara abolido el Ejército Nacional."


Aferrarnos a un cambio de paz, al Concepto de Seguridad Humana que es la seguridad basada en la seguridad física, económica y el bienestar social, el respeto por su dignidad y el valor de todos los seres humanos en cuanto tales, el respeto por sus derechos humanos y sus libertades fundamentales, en donde la paz es definida a partir de lo humano y no la seguridad nacional que debe ser alcanzada a través del desarrollo sostenible, la justicia medioambiental y las necesidades básicas de las personas.


La aspiración de las mujeres de tener un papel significativo en los esfuerzos para construir la paz no es una sorpresa, ya que 80 por ciento de las personas refugiadas y desplazadas internas del mundo son mujeres y niños.Según Alerta Internacional (IA), una ONG británica que se especializa en resolver conflictos, involucrar mujeres en objetivos de paz

"no sólo es deseable sino también necesario para que la paz perdure".
"Lo que emerge con más vigor del relato de las mujeres es la ilegitimidad moral de los conflictos. Ellas son la conciencia de sus comunidades debido a sus papeles socioculturales en el hogar y entre la gente", señaló IA en un informe.


La Plataforma de Acción (PFA) que surgió de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que se llevó a cabo en Beijing en 1995 por Naciones Unidas planteó que era necesario promover formas no violentas de resolución de conflictos y cumplir con las normas humanitarias internacionales, así como proteger y asistir a mujeres refugiadas y desplazadas.

La Fundación del Consejo Nacional de Defensa, con sede en Estados Unidos, informó que casi un tercio de las 193 naciones del mundo están involucradas en conflictos entre Estados o internos.


Un ejemplo, de los muchos que hay y espero poder compartirlos, es el de un grupo de mujeres en Liberia que lograron detener la guerra con un movimiento no violento y que consiguieron que el político Charles Taylor fuera expulsado y juzgado por el Tribunal de la Haya por crímenes de guerra contra la humanidad. ¡Toma ya!

Leymah Roberta Gbowee nació en Liberia en 1972 pero con 17 años se traslada a Monrovia tras estallar la Primera Guerra Civil. Entonces estaba al frente Samuel Doe, un presidente corrupto y violento que excluyó a los grupos étnicos a los que no pertenecía. Fue capturado, torturado y asesinado en septiembre de 1990.
A Leymah le iban llegando noticias aterradoras, lo que ella conocía había sido destruido. Violaciones, disparos, machetazos... familia, amigos, hogar, escuelas, todo había sido destruido por la guerra. Con 19 años se casa y pronto tiene 3 hijos.
Leymah está sufriendo un infierno en vida. Vive una guerra continua, su casa está en la línea de fuego y su marido la maltrata física y psicológicamente. Se apunta a un programa de Unicef que forma trabajadores sociales para ayudar y dar terapia a aquellos que han quedado traumatizados por la guerra. Le asignan un grupo de refugiadas de Sierra Leona y allí le ocurrió una cosa que cambió su rumbo y el de muchas mujeres.

 Todas habían sido violadas pero todas querían regresar. Había una que soñaba con volver para enseñar a los niños a cantar y a bailar. A esta mujer, cuando estaba amamantando a su bebé, un soldado apartó al bebé de un empujón y le cortó el pecho. «¿Cómo puedes querer volver?», le preguntó Leymah. «¿Qué otra cosa debería hacer, dejar que ellos ganen?». 


Leymah nunca olvidó estas palabras. Al volver a Liberia y estallar otra guerra, al fin, despierta y deja a su marido.

En 1997, tras unas elecciones sangrientas respaldadas nada más y nada menos que por Muamar el Gadafi, es elegido presidente Charles G. Taylor. Taylor deshace su alianza con el Gobierno provisional. Su ejército es aterrador, impredecible y salvaje, con sus soldados bien abastecidos de alcohol, marihuana y speed. Desde la presidencia liberiana, suministró armas al Frente Revolucionario Unido (FRU) en Sierra Leona a cambio de diamantes de sangre.


Leymah entra en contacto con el Programa de Curación del Trauma y Reconciliación. Este voluntariado fue su primer contacto para ser una persona que construye la paz. Empieza a leer libros sobre transformación social. Aprende que la reconciliación entre la víctima y el autor del daño es la única manera de resolver el conflicto, especialmente en los conflictos civiles, en el mundo moderno. De no ser así, ambos permanecerían unidos para siempre; uno a la espera de una disculpa o una venganza y el otro con el temor de un ajuste de cuentas. Aplicó esta estrategia de perdón consigo misma: buscó a su expareja y le perdonó.


Más tarde le asignan un grupo de antiguos niños soldados discapacitados. Taylor se había deshecho de ellos cuando los hirieron y ya no le servían para nada. Los habían explotado, utilizado y tirado. Toda la gente de Liberia odiaba a aquellos niños, la gente les escupía cuando mendigaban, pero Leymah pensaba que la ira tenía que dirigirse a aquellos que habían empezado y perpetuado la guerra e hizo todo lo que estaba en su mano para curar las mentes de aquellos niños.

 Leymah formó una alianza particular con una líder musulmana. Era algo inaudito. Empezaron a repartir panfletos en las iglesias, mezquitas y mercado que decían;

«¡Estamos cansadas!, ¡Estamos cansadas de que nos violen! ¡Mujeres, despertad! ¡Tenéis algo que decir en el proceso de paz!».


La unión hizo la fuerza. Las que no sabían leer explicaban su misión con dibujos. Todas eran importantes.

 En 2002 organizó el grupo de mujeres "Women of Liberia Mass Action for Peace". Mujeres cristianas y musulmanas unidas en un movimiento pacífico contra la guerra de forma local que acabó con miles de mujeres aunando esfuerzos y protestando con una huelga, que a mi modo de ver, fue maravillosa; La Huelga de Sexo.

"Alguien tenía que decir: '¡Basta!'. [A los hombres] solo dijimos 'no más sexo'. Estábamos hartas",


Y ahí estaban, vestidas de blanco, desafiando al gobierno en el mercado que era donde reclutaban a los niños, marchando en silencio y diciéndoles a sus maridos "Hasta aquí". Todas a una, olvidando etnia y religión. Seguir leyendo