Las castas y las putas

Un artículo de Chispa

Cuando somos niñas y empezamos a descubrir la sexualidad lo primero que aprendemos es a esconderla. Nadie debe saber que se nos despiertan los deseos, y sobre todo, nadie debe saber nunca que nos masturbamos. En realidad descubrimos que nosotras no tenemos deseos y por tanto la masturbación es algo oscuro y prohibido. 


Las chicas no tenemos sexualidad.  Debemos ser castas y puras hasta que llegue el momento de entregarnos a nuestro marido, y aún entonces deberemos seguir siendo castas y vivir sin pasión. Sólo servir a los deseos de nuestro hombre.

 Al mismo tiempo descubrimos que los chicos, por supuesto que ellos sí, tienen unas necesidades  sexuales que deben ser complacidas, y llegamos a la gran pregunta

¿Cómo complacerlos si las mujeres no tenemos sexualidad?

Y no, no encontramos la respuesta. Desde la lógica del raciocinio es incontestable. Obviamente cuando se intenta ir en contra de la propia naturaleza nace el absurdo, el sinsentido, y entonces aparece la aberración de sustituir lo natural por lo inventado, o más exactamente por lo interesado. y la aberración nos lleva a construir mundos paralelos y a perpetrar las mayores perversiones. 

Con la negación de la sexualidad femenina se destruyó la naturaleza femenina sí, pero también la masculina, y nos ha llevado a lo más oscuro y abominable del ser humano. 

 ¿Y quién nos llevó a este despropósito antinatural y aberrante?

 Como no, el Patriarcado, utilizando para ello todas sus armas y principalmente la más poderosa y diabólica: la religión. Con ella nos anularon por completo, nos convirtieron en objetos decorativos, en sus meras sirvientas, en esclavas de su propiedad. Y nos dividieron en dos: 

 -Las castas y sumisas esposas

 -Las sucias y complacientes prostitutas 

Y condenaron a la oscuridad y a la infelicidad a las sumisas esposas. Y condenaron directamente al abismo a las "otras", a todas las mujeres y niñas que prostituyeron para satisfacerse a ellos mismos. Tantas y tantas mujeres que fueron ultrajadas, arrinconadas, abusadas física y mentalmente hasta destruirlas por completo. hasta convertirlas en un escombro que ya no sirve y es lanzado al vacío. 

Han pasado años, décadas, siglos, y bien es cierto que muchas esposas ya no somos sumisas en muchos países. Muchas ni siquiera somos esposas sino  compañeras de viaje. Pero la aberración no solo continúa, aún es peor, los hombres de hoy siguen buscando su propia sexualidad en los viejos patrones machistas y destructivos, las mujeres y niñas de hoy no solo siguen siendo prostituidas, también son secuestradas, vendidas, agredidas y asesinadas ante la indiferencia del mundo que las creó y abandonó a su suerte. 

Ese mundo mezquino y cruel que nos convirtió en el gran negocio del capitalismo salvaje e inhumano. Ese mundo que el Patriarcado lucha por conservar aún, sabiendo que nos lleva a lo peor de nosotros mismos, aún sabiendo que está destruyendo al propio mundo.