La pandemia en los hombres de izquierdas

Un artículo de @Tiapol75

Una terrible enfermedad se ha cebado en la ideología de izquierdas. Los primeros casos que encontré me resultaron anecdóticos, en ningún momento pude adivinar que esta situación podría extenderse mas allá. Me equivocaba. Esta virulenta enfermedad provoca que, ante ciertas situaciones, su comportamiento sea un calco al de la ideología mas antagónica. Esa otra tan diestra y siniestra.

En apariencia parece que nada ha cambiado. Si revisas su comportamiento de cara al exterior verás a ese hombre furibundo ante las injusticias que se cometen. Leerás sus opiniones ante cualquier noticia de corrupción plagada de acusaciones, insultos e improperios hacia los autores sin cuestionamientos. Yo he visto a algunos hasta pedir el cercenamiento del Todopoderoso Falo de los susodichos. Sí, así de cabreados están.

La sintomatología se muestra especialmente virulenta cuando una feminista, o un colectivo feminista, da su opinión ante noticias que visibilizan la violencia hacia la mujer. En esos momentos el hombre de izquierdas siente que el derecho a la presunción de inocencia está siendo seriamente atacado y le provoca un increíble malestar que solo puede ser mitigado con una agresiva verborrea.

Ante esos primeros casos consideré que un buen paliativo sería explicarles que el principio de presunción de inocencia se encuadra en las garantías y derechos de los acusados en procesos judiciales. Solo lo pueden aplicar los Jueces y Tribunales, por lo que ninguna opinión los vulnera. Es una explicación muy básica pero que también les podía resultar útil para el postureo. Lo mínimo que debes hacer si quieres cambiar un sistema es conocer en qué consisten los derechos que te da.

Ante el crecimiento exponencial de hombres de izquierdas afectados por la enfermedad tuve claro que estábamos ya ante una pandemia en la que los patógenos implicados eran mutaciones de los virus Social Justice Warrior y Men Rights Activists. El resto de síntomas se tornaron predecibles y nada halagüeños.

Este paisaje desesperanzador se ha dejado mostrar en escenas de hombres de izquierdas que, supuestamente, luchan contra la Ley Mordaza pero al mismo tiempo intentan censurar el discurso de otras personas o colectivos con los que no están de acuerdo. No importa el motivo.

Sus delirios febriles les hace hablar de derechos tergiversados y basar su discurso en una justicia dicótoma. A una de ellas la dota de atributos casi celestiales y deja a la otra como la justicia corrupta y altamente politizada en la que un grupo indeterminado de personas, solo los Illuminati de la izquierda pueden decidir quienes son, no tienen nada que temer. Estas alucinaciones les impide darse cuenta que lo único que hacen es justificar y reclamar a gritos que el Estado siga ampliando la facultad ilegal que se atribuyó a decidir qué se puede decir o quiénes pueden decirlo. Toda una paradoja.

Creo firmemente que uno de los pilares de la libertad de un individuo se basa en poder decir lo que piensa y que esto repercute en una libertad colectiva que hace a la sociedad mas fuerte para luchar contra las injusticias y discriminaciones. La libertad de expresión debe ser un bastión inexpugnable donde todas las ideas y opiniones tengan cabida. Eso incluye todas y cada una de ellas que no nos gusten, es parte inherente de la misma.

Es perentorio que se denuncien los casos de violencia machista, pero aún mas importante es denunciar lo que permite o facilita que siga ocurriendo y eso es extrapolable a cualquier situación y contexto.

Conoce a tu enemigo para poder derrotarlo, nosotras lo hemos hecho. Si esta justicia no sirve para ti no trates de imponérsela a nadie. A nosotras tampoco nos sirve.