La mujer se convierte en un objeto, una vasija que cumple un servicio, bien sea de placer o de incubadora

Un artículo original de AlíOlé

Hace años un amigo me contó una historia que circulaba por Dubai, un jeque que asiduamente iba de "compras" a Tailandia, en las aldeas más remotas y pobres conseguía mujeres, niñas, que literalmente compraba a las familias, cuando al cabo del tiempo, la "compra" no le interesaba las mandaba de vuelta a su lugar de origen. Según decía, en una ocasión al llegar a una aldea se encaprichó de una cría, una niñita, y con horror la madre le dijo que era su hija, a lo que el jeque respondió ofreciendo más dinero 


Esta historia de la que desconozco tanto si es real o no, como el final de la misma en caso de serlo, me sirve para comenzar esta reflexión. Igual que el jeque consideraba a aquellas niñas objetos de usar y tirar, y a todos nos puede parecer atroz, hay una parte de la misma que no ve la misma idea en otros temas de actualidad como la Gestación Subrogada o la prostitución. En ambos casos, la mujer se convierte en un objeto, una vasija que cumple un servicio, bien sea de placer o de incubadora, como si la misma no sintiera que se usasen mujeres, si el capitalismo salvaje no impusiera la ley del mercado hasta en el precio de las personas, no habría estos "servicios". 

Es evidente que son muchos "si", y el condicional no ayuda al presente, y el aquí y ahora exige soluciones, que vayan desde el rechazo unánime a la gestación subrogada, hasta el reconocimiento social de que "el putero" es un explotador más. Necesitamos no sólo campañas de condena, necesitamos anticiparnos, buscar soluciones, y no considerar que los caprichos de unos deben prevalecer sobre los derechos de otras.


Yo que antes que ser humano, antes que feminista, y antes que cualquier etiqueta, me considero sobre todo una defensora a ultranza de la infancia, pienso en los niños que podrían tener una familia, si algunos empezaran a respetar a las mujeres y no necesitaran un hijo a la carta.