ECCE HOMO

Un artículo de Ana Morán

En la adolescencia tuve el placer de descubrir a Carmen Laforet, Isak Dinesen, Rosalía de Castro, las hermanas Brontë, o tantas otras mujeres que a lo largo de mi vida he seguido admirando. En ese camino que te traslada de la inocencia de la niñez hacia la toma de conciencia de la madurez, abrí muchos libros que me hicieron disfrutar, conocer, crecer, y aprender, y siempre estaré enormemente agradecida a todas y cada una de las personas que los escribieron.

La biblioteca pública fue para mí una segunda casa, y elegía los libros como una niña delante del escaparate de una enorme pastelería, es decir, pasaba del tocino de cielo a las bolas de coco, luego napolitanas de chocolate o bizcochos borrachos. Pero nunca me empachaba.

Una mañana de verano le tocó el turno a "Pantaleón y las visitadoras", y, recuerdo como si fuera ayer mismo que comencé a leerlo en la playa, entre baño y baño, y me sumergió profundamente en el paisaje peruano. Desde aquel momento decidí que iba a leer todo lo que pudiera de ese señor. Su literatura me sedujo tanto que, tras "Los jefes" vinieron "Los Cachorros", "La ciudad y los perros", "La tía Julia y el escribidor" o "Conversación en la catedral". Reconozco que siempre he tratado de separar a la persona del autor, y, eso hice cuando no compartía sus inclinaciones políticas. En los últimos años no ha escrito ningún libro que me haya llamado la atención, y, simplemente dejé de leerle. Pero como decía antes, es de bien nacidas ser agradecidas, y, siempre he guardado un maravilloso recuerdo de esos años en que disfrutaba de sus libros.

Pero ha pasado el tiempo, y un Mario Vargas Llosa octogenario con bravura de hombre herido viene a decirnos, en un extenso artículo, que no debemos ofendernos y literalmente afirma que 

"Quiénes quieren juzgar la literatura - y creo que esto vale en general para todas las artes- desde un punto de vista religioso, ideológico y moral, se verán siempre en aprietos".

No señor, todas las personas tenemos derecho a analizar y criticar una obra, porque desde el momento que se hace pública, su autor se expone a ello. Pero esto no lo escribe así porque sí, su tremendo artículo titulado "Nuevas inquisiciones" viene a sacarnos los colores a las feministas sobre cómo tenemos que asumir cualquier obra literaria independientemente de su contenido. 

Este lucimiento machista, esta oda al patriarcado más rancio, excluye el pensamiento y la capacidad de análisis de nuestro sexo para cumplir su objetivo, un libro bueno es eso un libro bueno, sin más, da igual que haga una apología del nazismo, del racismo, de la xenofobia o de la cultura de la violación, así sin tapujos, sin cortarse para nada ni ante nadie. Y se pasa todo el artículo refiriendo autores constantemente en un alarde de posesión de cultura, que nadie duda, pero que no es necesario que nos lo recuerde. Porque este galardonado con el Nobel de Literatura hace mansplaining, y, como no tiene bastante, me lo imagino en su sillón con orejeras mirando al infinito cavilando cómo poner en palabras todo aquello que está pensando sobre el feminismo, ese movimiento que ha demostrado que millones de mujeres han salido a la calle días antes de que el famoso diario publique su atribulado y barroco artículo.

Ay Mario, defendiendo a la relación de escritores que enumeras, te has atrevido a nombrar a Laura Freixas para recordarle qué debió decir en un maravilloso artículo publicado en el mismo periódico hacía menos de un mes. Pues mire usted, ella opina desde la libertad, igual que usted ejerce el mismo derecho, pero no se exceda, que se ha cubierto de gloria.

Quién me iba a decir a mí que aquel día soleado de julio recién cumplidos los 15 años iba a descubrir tras el lomo de aquel libro todo un universo de buena literatura, el deseo de visitar el amazonas, de adentrarme en Perú, y sumergirme compulsivamente en toda su bibliografía, y, que ahora 32 años después, tenga la certeza absoluta de haberme enamorado de la pluma de un macho que defiende a los de su especie, encabezada por Marías o Pérez Reverte.

¡Cuánto tenemos que agradecer al feminismo!